¿Cómo fabricar guantes, un bolso o una silla de montar cuando lo que se ha aprendido es otra profesión? Para Hermès, eso se logra pasando por la escuela del cuero. Una escuela sin edificio, más bien un método, algo similar a lo que se puede ver en la historia de la pintura. Y todo ello manteniendo la idea de la transmisión duradera de valores y de saberes comunes. Desde 2011, la fuerte demanda de marroquinería insta a Hermès a aumentar su capacidad de producción. Se trata de formar a adultos que, en nueve de cada diez casos, llegan a las marroquinerías sin conocimientos previos en la materia.
Lo mejor en este caso es innovar y emplear los cinco sentidos. Antes de iniciar los ejercicios prácticos, los artesanos en prácticas observan —las herramientas, la postura, el gesto—, reflexionan y juegan. Por ejemplo, el perlado, una operación de guarnición que confiere una bonita cabeza redonda, en forma de perla, a un clavo cortado, lo descubren cerrando los ojos. La delicada música de la perladora sobre la placa de la cinta de un bolso, su regularidad, su potencia de acuerdo con la fuerza ejercida sobre la herramienta dirá mucho más que cualquier explicación. Logar fabricar objetos excepcionales no es nuestra única ambición. En colaboración con las distintas escuelas, los cerca de cincuenta formadores tienen por vocación acompañar a cada estudiante hasta la obtención de su diploma.