La mano es una de las protagonistas de la historia de Hermès. La mano moldea la piel, trabaja la seda y da vida a los artículos más valiosos. Por todo ello, la Maison no puede sino consagrarle un ritual completo para transformar la uña en un auténtico formato de expresión artística. Los esmaltes de uñas de la colección se distinguen por el brillo de su laca y la precisión del pincel, que transforma la aplicación en un auténtico homenaje a la belleza del gesto. Cada uno de los treinta colores hace referencia a los archivos cromáticos de la Maison y reposa sobre la punta de los dedos para acompañar cada movimiento con un brillo sedoso.
Paleta de carácter
La gama cromática para uñas propone diversas emociones para acompañar cada momento, de día o de noche. El esmalte rojo se impone como un clásico atemporal, un auténtico símbolo de una seguridad radiante. Para quien busca más suavidad y discreción, el esmalte rosa se presenta con una elegancia empolvada. Por último, el emblemático esmalte de uñas naranja rinde homenaje a la caja icónica de Hermès y confiere a las manos una vitalidad alegre y audaz. Estos tonos no se limitan a embellecer, sino que hablan de parte del universo y del legado de la Maison.
El tratamiento como fundamento
Porque no hay belleza sin tratamiento, Hermès propone un enfoque global de la manicura. Más allá del color, la intención es nutrir, proteger y fortalecer la uña y la piel de las manos, que tan expuestas están a lo largo del día. Los aceites de tratamiento, las bases protectoras y los distintos acabados trabajan conjuntamente para garantizar la duración y el brillo. Cuidar las manos con estos productos equivale a comprender el respeto hacia el instrumento principal con el que nos relacionamos con el mundo y la creación y ofrecerle el mimo con el que un artesano se dedica a la pieza más delicada.