El cuero de Rusia Volynka: elogio de la lentitud

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El cuero de Rusia Volynka: elogio de la lentitud

En 1917, la Revolución Rusa arrasó el viejo mundo. El cuero de Rusia, objeto de comercio con muchos países, cayó entonces en el olvido. Ahora está de vuelta, en las colecciones de marroquinería de Hermès, con el nombre de Volynka. Es fruto de cinco años de investigación en colaboración con una restauradora de cuero y un curtidor británico. 

La historia y la geografía del curtido vegetal tienen su importancia para quien quiera desentrañar el misterio del grano en forma de rombo, del tono marrón rojizo y del olor a whisky con turba del cuero de Rusia. Lo que más fascina es la increíble resistencia de este material con el que, en la época de los zares rusos, se hacían los baúles de los príncipes y las botas de los soldados. En particular, dan testimonio de su impermeabilidad los rollos hallados intactos después de pasar doscientos años bajo el mar en las bodegas del Metta Catharina, un buque que naufragó en las aguas de Plymouth. Hermès, que adquirió parte de ese valioso cargamento para poder estudiarlo de cerca, se puso en contacto en 2012 con una restauradora de cuero, Élise Blouet, y con un curtidor británico, Andrew Parr. 

La empresa de este último, J. & J.-F. Baker, en activo desde 1862 en Devon, es la última de Inglaterra que trabaja las pieles con corteza de roble. Las especies locales que se utilizan son prácticamente las mismas que se encuentran en la región de Moscú, cuna del legendario cuero de Rusia, donde también crecen abedules y sauces. El tiempo que la familia Parr dedica al curtido, un principio inamovible desde hace cinco generaciones, también ha resultado ser decisivo para esta vuelta atrás en el tiempo. Hace falta alrededor de un año para fabricar un cuero duradero con ayuda del tanino vegetal, ya que la aceleración de este ciclo natural por procesos modernos (mecánicos o térmicos) altera la estructura de las pieles. Es una lentitud que hoy escasea, pero que era habitual en el siglo XIX, hasta el imperio de los zares.

A su ritmo, en medio de los bosques de robles de Devon, la curtiduría logró así recrear todas las cualidades del cuero de Rusia para Hermès. Las cortezas se secan al aire libre en un hangar durante tres años, antes de molerse en el molino de curtido. Las pieles proceden de ganaderías situadas a un centenar de kilómetros a la redonda. Se tensan en unos bastidores de madera y se dejan ocho meses en infusiones de cortezas hasta que adquieren un cálido tono pardo. Entonces los artesanos las untan con un bálsamo nutritivo, algunos de cuyos ingredientes proceden de Rusia. Ahora la memoria del curtido de los zares está a salvo. Los objetos de la línea Volynka —un cuaderno Ulysse y tres tipos de equipaje (Bolide voyage, Plume voyage y el bolso Haut à courroies)—, presentados en 2018 en la colección primavera-verano, se encargan de que así sea.
 

 

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