Tandem | Hermes

LOS HOMBRES Y MUJERES

Tándem, diez años de amplitud de miras

A finales de 2008, un artesano de la marroquinería de Sayat dejaba sus herramientas y el departamento de Puy-de-Dôme para pasar una semana detrás de un mostrador al lado de un vendedor de la boutique de la rue du Faubourg Saint-Honoré, en París. Se acababan de lanzar los intercambios Tándem. Acercar estos dos universos no es solo cuestión de kilómetros. Es una invitación a vivir la vida del otro y a dar a conocer la suya propia.
La frecuencia de los intercambios se aumentó en 2014 y en la actualidad no pasa una semana sin que un artesano y un vendedor intercambien sus gestos, sus rituales y sus horarios, poniéndose en el papel del otro.
Son las reglas del juego del programa Tándem.
Las marroquinerías dieron el primer paso, seguidas por las manufacturas textiles y más adelante la relojería, la porcelana y el esmalte. Y las tiendas de todos los países han mostrado su entusiasmo, Asia en cabeza.En pleno crecimiento de Hermès, Tándem sirve para acercar a hombres y mujeres que trabajan más allá de sus distintos idiomas y continentes. Y es que la frontera que se supera no es solo geográfica. Visto con los ojos de los demás, el oficio propio cobra sentido. Se convierte en obra común, en cultura compartida.
 «Cuando creamos un Kelly o un Birkin, nos preguntamos cómo será presentado a los clientes, quién lo llevará, por qué razón será elegido. Durante mi inmersión en la tienda Hermès de mi "tándem" en Las Vegas, en diciembre de 2017, me di cuenta de la vida trepidante que había más allá del banco de trabajo. También pude medir la atención que los vendedores y los clientes prestan a detalles que nosotros, marroquineros, cuidamos en nuestra labor cotidiana. Muchos me lo han agradecido, no me lo esperaba para nada».
Virginie Dubois,
marroquinera de la manufactura de La Tardoire, Montbron (Francia)
 


Más por descubrir

 

  • Colección «Empreintes sur le monde» (Huellas en el mundo)

    Los reconocemos por sus batas blancas, por las que reciben el sobrenombre de «blouse brothers». Se trata de los hermanos Prudhomme —Lionel y André—, capataces de marroquinería en Pantin (Francia). Lo que los convierte en mentores cuyas enseñanzas valen oro y cuyos ojos están atentos al más mínimo detalle no es el uniforme, sino los gestos precisos aprendidos durante los cuarenta años que llevan formado parte de la casa. Así, transmiten a los artesanos guarnicioneros los secretos de los acabados impecables, las exigencias del bolso perfecto.
  • Al filo dorado de la porcelana

    De entre las distintas artes que giran en torno a la cerámica, una de las más delicadas es colocar los filetes sobre una pieza de porcelana. En los talleres Hermès de Nontron, hay que saber manejarse entre cuencos y grandes jarrones, platos, fuentes y soperas. Ocho artesanos fileteadores-doradores mantienen este savoir-faire y los decoran a mano, ayudándose de un pincel biselado cargado de oro, de platino o de color.
     
  • La destreza, secreto de fabricación de nuestros talentos

    Un baile de ágiles dedos hace danzar las herramientas de corte y de trabajo en el banco de las marroquinerías. Hermès acoge una amplia diversidad de trayectorias profesionales y edades. La destreza, puesta a prueba por el servicio público de empleo francés (Pôle emploi), goza en este caso de mayor importancia que la formación de origen.
    Se trata, junto con el respeto de los tiempos adecuados, del principal secreto de fabricación de nuestros objetos.
     
  • Cuerpos a la obra

    Se precisan entre quince y veinte horas de trabajo para un bolso, unas veinticinco para una silla de montar: los gestos necesarios para su fabricación son restrictivos. Ciertos reflejos sencillos ayudan a los artesanos a mantener su corazón y su cuerpo en el trabajo.