El renacimiento de un cuero imperial

Su nombre evoca la ensoñación y el viaje. El secreto de su curtición, olvidado durante mucho tiempo, ha sido rescatado: llamado Volynka, el cuero de Rusia renace en Hermès para la nueva colección de marroquinería.
Hermès Cuir de Russie

Fotógrafo: Jeff Boudreau

Los orígenes del cuero de Rusia.

En el París de la década de 1920, lo que estaba en boga era su aroma. Los rusos blancos, huyendo de un mundo que ya no les pertenecía, lo adoraban como si de un vestigio de su grandeza se tratara. Como el cuero de Rusia fascinaba también a los perfumistas, se vendían con esta denominación diferentes fragancias, más o menos varoniles. Originalmente fue el cuero guerrero de las botas de los soldados. Según la leyenda, el youfte —otro de sus nombres— habría nacido al frotar un cosaco sus botas con corteza de abedul, para impermeabilizarlas. Este cuero se ha labrado su reputación gracias a su resistencia al agua y a su solidez. Es el cuero atemporal de las encuadernaciones y de los interiores de carrozas. Resistente pero suave al tacto, esta materia exalta los sentidos. Un cuero que, como apunta Sophie Mouquin, historiadora de arte, «exhala esta mezcla de lapsang souchong, puro y de whisky ahumado: este olor, diferente a cualquier otro, es su seña de identidad». En el siglo XVIII, el cuero de Rusia era una de las joyas del comercio del Imperio ruso con Occidente, región a la que se destinaban las mejores pieles curtidas hasta principios del siglo pasado. Después, los secretos de fabricación se perdieron, engullidos en el tumulto de la Revolución de Octubre.

 

El cuero imperial se renueva.

 
 
  • Fue a principios de la década de 1970, en la otra orilla del canal de la Mancha, cuando el cuero de Rusia resucitó. En Inglaterra, unos submarinistas sacaron a la superficie la preciosa carga de un velero de dos mástiles, hundido en aguas de Plymouth en 1786. El Metta Catharina, que había zarpado de San Petersburgo, se vio atrapado en una tormenta; el cáñamo y el cuero de Rusia de sus bodegas nunca llegaron a Génova. Durante dos siglos, el mar conservó celosamente, sepultados en el fango protector, los maravillosos rollos de cuero, confirmando así el carácter imputrescible de esta materia única.
  • Fotógrafo: Jeff Boudreau

  • Fotógrafo: Jeff Boudreau

  • Veinte años más tarde, en la década de 1990, Hermès compró una decena de estas pieles míticas. Con ellas se confeccionaron un Kelly y un Sac à dépêches, ambos expuestos en el Conservatoire des créations Hermès, en Pantin. Pero la maison quería llegar más lejos: en 2011 se creó un grupo de trabajo. Su misión: exhumar los secretos de este cuero de grano en forma de rombo, la mayoría de veces de ternera, tradicionalmente teñido de rojo, endurecido e impregnado de un aceite de fuerte olor. El trabajo de investigación duró seis años, con la tenaz complicidad de artesanos perfeccionistas. En una curtiduría ubicada en el corazón de la campiña inglesa, los gestos no han cambiado desde la época romana: aquí se trituran carretillas llenas de corteza de roble; las pieles, una a una, se depilan a mano sobre un caballete ancestral. Recibidas en bruto, empapadas de sal, las sumergen primero en un baño de cal y agua clara. Antes de ser secadas, divididas, nutridas y acabadas, las pieles permanecen durante cuatro o cinco meses en cubas, en una elaborada solución de corteza de árboles —los taninos vegetales—. El secreto de un buen curtido «es un poco como hacer un buen té», explica en clave de humor el maestro de ceremonias. Aquí, el curtido es un elogio de la lentitud, como para la maduración de un buen vino. Por cierto, «los curtidores confían mucho en su nariz». Gracias a esta cadena de apasionados, ha sido posible descubrir secretos de fabricación, como ese misterioso aceite de abedul y otras esencias vegetales, que refuerza el lado flor y endurece la superficie.
En la actualidad, el cuero Volynka está presente en tres piezas de equipaje: Bolide voyage, Haut à Courroies, Plume voyage y en una cubierta de cuaderno Ulysse. Unos talismanes que exhalan una fragancia ahumada y amaderada, potente e incomparable.